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Silvina Martinez, Eduardo Peñafort

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Desde el 16 marzo 2012 hasta el 29 abril 2012

Al iniciar una nueva temporada, el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson inaugura, en su Sala 3, una muestra de artistas sanjuaninos históricos. A modo de especial reconocimiento, para esta exposición han sido seleccionadas diversas obras cuyos autores formaron parte esencial del ámbito artístico sanjuanino, en los primeros 40 años del siglo XX. En esta muestra el público podrá apreciar el trabajo de artistas que se destacaron por sus aportes a las artes plásticas, permitiendo el crecimiento de las prácticas artísticas en la provincia.

 

Marcas de origen

Si uno de los objetivos de nuestro Museo es brindar la posibilidad de construir experiencia frente al arte, en ocasión de esta muestra, esa experiencia está cargada de especiales sentidos para San Juan.
Se trata de un conjunto de obras que exhiben ciertos caracteres que podrían ayudarnos a entender algunas “marcas de origen” del arte local. Independientemente del valor intrínseco de cada obra, la muestra aborda dos rasgos fundamentales de la idea de experiencia: su fuerza de singularidad y su poder de testimonio. Estos rasgos, largamente estudiados por Walter Benjamin ayudarían a superar la distancia y el olvido que a veces silencian etapas de la historia, de nuestra historia.
Esta exhibición intenta otorgar a cada uno de los trabajos el valor de un momento singular; de un testimonio que habla de ideas y creencias de otras épocas, de otros hombres y mujeres.
La propuesta de esta exposición es poner en valor los orígenes de la actual experiencia del arte de San Juan.

Virginia Agote

Sacarse el sombrero

La presente muestra ha tenido entre sus objetivos, poner en valor la obra de artistas sanjuaninos muy poco recordados, que formaron parte del panorama cultural de San Juan en los primeros 40 años del siglo XX. Artistas, que con su entusiasmo y diligencia, se convirtieron en los responsables del crecimiento y desarrollo de las artes plásticas en la provincia y en los pioneros del posterior florecimiento de esta actividad en el medio. Creadores, que además de su producción en el campo de la pintura, el dibujo y el grabado, fueron alternativamente integrantes de distintos grupos y asociaciones que lucharon por el progreso y la expansión de las expresiones artístico-culturales. Entre estas agrupaciones, cabe destacar: el denominado Grupo Fontana, que nucleó artistas apadrinados por el Coronel Luis Jorge Fontana recién comenzado el siglo; el Ateneo Popular Libre, que entre 1931 y 1940, organizó las nueve ediciones del Salón de Primavera, destinado a promover la producción, otorgando premios; La Tribu, integrada por quince tesoneros pintores que lucharon por el mejoramiento cultural de su entorno; el Grupo Oasis y Refugio, fundados en 1932 y 1939 respectivamente, que enarbolaban ideales similares y fueron responsables de la organización de importantes eventos que ampliaron y enriquecieron el campo disciplinar en la época. Refugio, creó incluso Talleres Libres de Arte en varias especialidades, que se convirtieron en el origen de la futura institucionalización del arte en San Juan a partir de la creación del Instituto Superior de Arte en 1959.
No hay que olvidar además, que en 1915 se había inaugurado la Escuela de Artes y Oficios Obreros del Porvenir, en la que se formaron, especialmente en dibujo, muchos jóvenes con inquietudes artísticas y en la que algunos de los artistas que hoy presentamos fueron profesores.
Otro hecho que reviste fundamental relevancia en esta sucinta historia, es la creación de la primera Comisión Provincial de Bellas Artes, nombrada por Decreto del Poder Ejecutivo en 1934 y la segunda Comisión creada en 1940 por el Departamento de Gobierno e Instrucción Pública; ambas conformadas por visionarios intelectuales de diversas áreas, responsables entre otras cosas de la creación de nuestro Museo de Bellas Artes Franklin Rawson, que se inauguró en 1936 y que llegó a convertirse en muy pocos años, en uno de los más importantes museos del interior del país por la calidad de las obras adquiridas. El sueño de albergar el patrimonio en un edificio propio y con instalaciones adecuadas, pareció que podría concretarse cuando en Abril de 1942, se colocó la piedra fundamental del mismo, en un solar del Parque de Mayo. Sin embargo el monumental edificio proyectado por Nello y Santiago Raffo, nunca logró construirse y el museo sufrió lamentables vicisitudes y cambios de locación hasta hacerse realidad la utopía de aquellos precursores, con la inauguración del nuevo y definitivo edificio que alberga hoy el preciado patrimonio que es un orgullo para San Juan.
Esta muestra asume entonces la intención de colaborar en la construcción de una parte de la historia del arte sanjuanino, con la certidumbre de que queda todavía mucho por investigar y revalorizar. Al tiempo que pretende, rendir homenaje a todos aquellos artistas que con su quehacer contribuyeron a plasmar nuestra identidad.
Honrar a los maestros es honrar la vida, reconocer y fortalecer nuestras raíces. Vaya para ellos, -algunos de los cuales fueron mis amados mentores-, mi más sentido respeto. Me saco el sombrero ante ellos.

Silvina Martínez

El conjunto expuesto da cuenta de medio siglo de modernidad sanjuanina y está compuesto por obras rescatadas del depósito del Museo y de colecciones particulares, cuyo fervor pudo más que el sismo y el injusto olvido de las transmisiones generacionales.
Si bien Latinoamérica formaba parte de la modernidad, su proceso artístico fue diferente; los cambios originales fueron incentivados por las necesidades comunitarias de las nuevas repúblicas, los ismos ingresaron cuando ya estaban consagrados y fueron protagonizados menos por el mercado de arte, que por el juego de las tradiciones de los flujos poblacionales.
Las modificaciones estilísticas en San Juan dependieron del abordaje de temas tales como la función del arte en la sociedad, la identidad cultural, la transposición didáctica, el valor de las innovaciones, las relaciones entre arte/fotografía y arte/industria y la articulación con el devenir nacional de las artes; cuyo desarrollo excede los marcos fijados a esta apostilla.
A pesar de ello, se trazará una somera caracterización. El dibujo y la pintura respondieron a la pregunta por la identidad a través del cultivo del paisaje. En el siglo XIX, el entorno era apenas una cita – recordemos “La niña” de Franklin Rawson -, pero en el período que nos ocupa pasó al primer lugar, convirtiendo la imagen identificable de San Juan en el punto de referencia de la mayoría de los artistas. La concepción romántica de la naturaleza – como sinónimo de poder y libertad – que se percibe en las marinas de Capuz y pervive en las polisémicas montañas de Miguel Tornambé; se esfuma para dar paso a una mirada – inicialmente evidenciada en autores tales como Brusotti y Santibáñez – focalizada sobre lo típico: los desastres naturales, los personajes característicos, la bella humildad del mundo rural, la arquitectura local y su modernización. Al final del período, en la obra juvenil de Paredes – que desafía las fronteras entre bellas artes y artes populares – el realismo literal se modalizó en una versión original del criollismo, que atravesaba la pintura de género en América Latina.
El naturalismo inicial fue alterado a lo largo de cincuenta años por la rapidez de la observación, la libertad cromática, la transfiguración provocada por la emoción y la precisión clasicista. Antes que imagen post-impresionista, se trata de un eclecticismo formal en función de la imperiosa necesidad de valorar lo propio.
El otro género cultivado desde el siglo XIX fue el retrato, que en esta etapa sufrió de manera directa el impacto de invención de la fotografía. El lugar del artista en la sociedad sanjuanina se modificó totalmente abarcando desde la bohemia a la docencia. Entre los acontecimiento en esta última, se recuerda la incorporación al medio de docentes egresadas de la Academia Nacional de Bellas Artes y la Escuela Nacional de Artes Decorativas – Herminia Rodríguez Lucero, Virginia Orantes, Amalia Rodríguez y Jane Volpianki – quienes además de la sólida formación técnica aportaron al campo artístico profesional, la novedad del aporte femenino.
La exposición es una oportunidad para volver a frecuentar las obras creadas por quienes legaron Museo – Nello Raffo, Olindo Dávoli, Diego de Huertos – en un trascendente compromiso con su tiempo y su lugar; pero también una interpelación a la conciencia histórica de los sanjuaninos para que aporten sus recuerdos y se pueda reconstruir este pasado obturado a pesar de su proximidad.

Eduardo Peñafort

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