Exposición permanente

Curador/es:

Roberto Amigo / Alberto Sánchez Maratta / Emanuel Diaz Ruiz

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Exposición permanente

El nuevo guion de colección permanente se despliega en las salas 4 y 5, con propuestas curatoriales distintas, pero complementarias. La primera propone reunir una selección de la pintura del siglo XIX en San Juan, para postular la existencia de una escuela regional.
En sala 5, la propuesta es una lectura contemporánea de la colección, no cronológica. De este modo, se asume el anacronismo como expresión de la sensibilidad del sujeto ante el poder de la obra de arte, pero sin perder la historicidad del objeto. Se organiza en cuatro núcleos: Territorio, Morfología, Violencia e Introspección. Su orden no es aleatorio: obliga a un recorrido donde se piense el arte desde nuestro lugar, San Juan; y desde aquí el problema de la forma, la sociedad y el individuo.

 

XIX. Escuela Cuyana

Sala 4

Desde la personalidad fundante de Benjamín Franklin Rawson en el arte cuyano del siglo XIX se postula la existencia de una escuela regional. Las raíces se encuentran en la enseñanza del francés Amadeo Gras durante su paso por la provincia y, principalmente, en el taller de Raymond Quinsac Monvoisin en Chile; donde se formaron Rawson; el mulato mendocino Gregorio Torres y Procesa Sarmiento. Ataliva Lima y Magdalena Bilbao señalan otro derrotero de la pintura local, el que tensa la representación entre el deber ser de la academia y el hacer popular.

 

Territorio

Sala 5

Las fronteras entre lugar, paisaje y territorio son difusas. Si la idea de paisaje pertenece al campo de la representación, la idea de territorio se entiende como una red de principios, reglas y estructuras para comprender el habitar de una geografía determinada, con su propia historicidad. El territorio, límite impuesto al espacio, es la marca de una identidad en la naturaleza, el sentido dado a un lugar por la comunidad. Espacio imaginado desde convenciones estéticas y modos de representación, por la literatura de viajes y la cartografía; pero también por las experiencias traumáticas, como el terremoto, y las devociones populares.
El paisaje, como género pictórico, es la experiencia sensible de un espacio en el tiempo, la forma de representación que adquiere la percepción emocional de un territorio.

 

Morfología

Sala 5

Entre la ciencia y el arte, el estudio de una lógica de las formas desplaza el problema de los modos de representar al de la búsqueda de leyes ocultas, tanto en el campo gráfico como en el de los objetos mismos. La intención de la morfología no es tanto mostrar cómo hacer ver la gramática formal, desde lo orgánico a lo geométrico.
Observar la colección desde la morfología otorga nuevos sentidos, al pensarla desde las instrumentaciones de la forma. Transforma el juicio estético en objeto de conocimiento. Esto no anula lo específico de cada estética (el americanismo, la autonomía de los valores plásticos, la materialidad concreta, el pensamiento esotérico). Se trata, además, del tránsito de la pura contemplación al trabajo metódico de la mirada con -casi- infinitas variaciones.

 

Violencia

Sala 5

La relación entre arte y violencia puede enfocarse desde distintas prácticas y las consecuentes miradas, pero se trata aquí de pensar cómo se representan los cuerpos bajo la violencia de los sistemas políticos y religiosos. No se trata de asumir estas representaciones como denuncia –la violencia política, la represión estatal o sexual – sino de encontrar las huellas de estas violencias en lo evidente y en lo oculto de la imagen, en el texto iconográfico y en el episodio histórico, pero también en los trazos de las pinceladas, las marcas de la gubia y el montaje gráfico.
Violencia de los cuerpos doblados en el trabajo y asesinados en las plazas. Imágenes sacramentales, de sacrificio, premonición y desollamiento que han formado nuestro imaginario occidental.

 

Introspección

Sala 5

¿Cómo es posible representar la reflexión sobre los estados de ánimo o la observación de la conciencia? El tratamiento de la figura, en el período de entreguerras o bajo el impacto de los conflictos mundiales, logró representarla con recursos simples: la dirección de los rostros y la mirada, el aislamiento en el espacio pictórico, la presencia de un objeto con sentido emocional, la pertenencia a un lugar de clase, la tensión con la alegoría. Luego, en el arte más reciente, la figura se asume como retrato de la singularidad, de la fuerza interior que la distancia del espectador. En este sentido, el arte religioso no refiere ya a su condición devocional, sino a la elevación mística, a un recorrido espiritual marcado por la biografía del propio artista.
La introspección, finalmente, es la búsqueda de un silencio elocuente, desde la perfección de la materia. El hacer artístico como la toma de distancia del espectáculo y el ruido de la sociedad tardocapitalista.

 

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