Yojimbo

Japón produce una media de seiscientas películas al año, hay en escena más de trescientos directores que filman con regularidad, y sin embargo cada vez que tenemos que nombrar a un director japonés el primer nombre que viene a nuestra cabeza es el de Akira Kurosawa. Esto no es raro, amén de haber sido uno de los directores orientales, más frecuentados en occidente desde la década del’50 del siglo pasado en adelante, Kurosawa es el más cercano a la narrativa que nos es más reconocida en el mundo del cine.

Yojimbo, película de 1961 es la más occidental de las películas de Kurosawa; heredera del cine western de la década del ’40 y ’50 hollywoodense, este film de samuráis, ambientada en un pequeño pueblo japonés no nos hubiera asombrado para nada si la hubiera firmado John Ford. Demás esta decir que cuando señalamos esto, no estamos aventurando que Yojimbo es algo así como una copia, ya que no podemos ignorar que la mayoría de las características de las películas solo se pueden deber a la mano del gran director japonés. Porque si bien Yojimbo es una gran deudora del western clásico, no es menos cierto que la misma sirvió de influencia para los famosos spaghetti western, ente otros, que de la mano de Sergio Leone, dominaron la taquilla en la década de la década del  ’60 en el mundo del cine.

Pero, ¿De qué trata Yojimbo?

Sanjuro, un ronin huérfano de shogun que vaga por los pueblos poniendo al servicio del mejor postor su ingenio y su espada a cambio de sustento y oro, llega a una decrépita aldea dividida en dos por culpa de la sempiterna pugna entre los dos infames candidatos a cabecilla mafioso: Ushi-Tora y Seibei, a cada cual más despreciable. Ante tan avieso panorama, Sanjuro se propone ejecutar un doble juego mortal para destruir a ambos clanes que, dicho sea de paso, no es que tengan muchas luces, a base de engaños, falsas apariencias y desmembramientos varios. Sólo un secreto propio podrá interferir en su maquiavélico plan, y es que el implacable samurái errante, en el fondo, tal vez no sea tan despiadado como parece.

Kurosawa dirige esta película con mano firme y el tránsito del protagonista por los diversos recovecos del pequeño pueblo siendo testigo de los distintos personajes que lo habitan y de sus distintas formas de ver la vida es una de las características más disfrutables de Yojimbo; pero hay mucho más: la gran composición panorámica del maestro, en donde cada detalle esta cuidado, la magnífica fotografía en blanco y negro (sabemos que Kurosawa prefería el blanco y negro porque no se consideraba capaz de plasmar los intensos colores de Japón) y básicamente su simpleza a la hora de la puesta en escena, sin la opulencia de films como Kagemusha o Ran la transforman en una gratísima y disfrutable experiencia.

 

Mifune y Kurosawa

Yojimbo además cuenta con la excepcional actuación de Toshiro Mifune, uno de los actores fetiche de Kurosawa.

Actor y director trabajaron juntos en dieciséis películas, juntos, siendo a esta altura todas clásicos del cine japonés, una sociedad que llevó al hijo de Akira a decir que la relación entre ambos, mas que «… la de un director con un actor, sino la de dos almas gemelas. Eran como un coche y su motor». La colaboración entre ambos empezó en el año 1948 con la fantástica El ángel ebrio, obra maestra del cine negro, en donde Mifune interpreta a un enfermo terminal en los arrabales de Tokio, pero sin duda, en donde el actor se sintió más cómodo fue en la composición de personajes rígidos, duros y crudos de modales, como samuráis y ronin, a los que a menudo dotaba con toques de humor que son casi una marca registrada de su actividad como actor.

La dupla se separo a comienzos de la década del ’60, sin que mediaran peleas, más allá de las críticas de Mifune, quien sostenía que el perfeccionismo de Kurosawa lo había llevado a una gran cantidad de stress, situación a la cual no quería regresar.

El director no obstante sólo guardo palabras de admiración a quien fue su gran socio creativo, Mifune poseía una clase de talento que no había encontrado anteriormente en el mundo del cine japonés. Consistía, sobre todo, de la velocidad con la que se expresaba a sí mismo; era sorprendente. El actor japonés promedio hubiera necesitado diez pies de película para lograr mostrar una impresión, un sentimiento; Mifune solo necesitaba tres. La rapidez de sus movimientos era tal que en una sola acción expresaba lo que les tomaba a los actores ordinarios tres movimientos para expresar. Él proyectaba todo hacia delante de una forma directa y con gran determinación, poseía el más agudo sentido del timing que haya visto jamás en un actor japonés. Y, además de su rapidez, poseía una sorprendentemente fina sensibilidad.”

Muchas de las características que señala Kurosawa la podemos ver en la excelente interpretación que el actor hace de Sanjuro, el protagonista de Yojimbo, personaje que no se extinguiría en esta cinta y volvería a aparecer un año después en la menos conocida Sanjuro, otra de las grandes películas de la dupla.


Dado que las películas que programamos y analizamos son de dominio público se sugiere acceder a ella a través de alguno de los numerosos sitios de alojamiento de las mismas, poniendo su nombre en cualquier buscador.


Ficha técnica

Título original: Yôjinbô

Año: 1961

Duración: 110 min.

País: Japón

Dirección: Akira Kurosawa

Guion: Akira Kurosawa, Ryuzo Kikushima

Música: Masaru Satô

Fotografía: Kazuo Miyagawa (B&W)

Reparto: Toshirô Mifune, Tatsuya Nakadai, Yôko Tsukasa, Isuzu Yamada, Daisuke Kato, Seizaburô Kawazu, Takashi Shimura, Hiroshi Tachikawa, Yosuke Natsuki, Eijirô Tono, Kamatari Fujiwara, Ikio Sawamura, Atsushi Watanabe, Susumu Fujita, Kyû Sazanka, Kô Nishimura, Takeshi Katô, Ichirô Nakatani, Sachio Sakai, Akira Tani, Namigoro Rashomon

Productora: Toho, Kurosawa Production Co.

Género: Acción. Drama | Japón feudal. Siglo XIX. Samuráis


Trailer

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