La influencia del expresionismo en el cine popular de EEUU

Fritz Lang

Perfecto círculo el de Fritz Lang, su obra empezó y finalizó en su país natal; empezó con una obra temprana y silente marcada por la desbordante y tenebrosa fantasía del expresionismo; tras su primera película sonora, EEUU se convirtió en uno de los precursores y máximos cultores del film noir, para regresar luego a Europa para filmar sus últimos trabajos.

Acerca del film noir hemos hablado profusamente en el escrito sobre Double indemnity de Wilder, pero sin duda, mas allá de su origen literario, tenemos en el cine uno de los maestros de la grafía de este tipo de género a Lang.

Exiliado a EEUU a fines de 1933, coincidiendo con la asunción del nacionalsocialismo al poder y la prohibición de su película M, no le fue fácil a Lang, conseguir trabajo en su nuevo destino. Más de dos años tardaría en filmar Furia su primera película norteamericana que se convertiría en un clásico instantáneo, pero que no le ayudó mucho en su carrera; Lang provenía del cine europeo, en donde en ese tiempo el director era la cabeza única de una película y recayó en una industria en donde los productores de los grandes estudios encorsetaban la creatividad de los cineastas en función del rédito económico de las películas. Como sea Lang consiguió un sólido cuerpo de obra que desarrolló dentro de varios géneros destacándose en el policial.

La Mujer del Cuadro

El policial negro norteamericano se desarrolló al menos en su etapa de oro en el período que va desde comienzos de la década del treinta hasta el final de la segunda guerra mundial. Este tipo de relato, oscuro y desencantado fue el reflejo de lo que se estaba viviendo en Norteamérica para aquella época y Lang, conocedor de otra época oscura en el viejo continente pareció encarnar como nadie el alma del cine negro. Sólo se vive una vez, Perversidad o La mujer del cuadro son un ejemplo acabado de esto.

En La mujer del cuadro,  El doctor Richard Wanley (Edward G. Robinson) se encuentra solo en su casa, ya que tanto su esposa como sus hijos acuden a un viaje que él no puede realizar por motivos de trabajo. Para hacer más encantadoras las veladas y menos solitarias las noches, Wanley acude a su club habitual para tomar unas copas con dos viejos amigos, un médico y el fiscal del distrito. Allí, entre copa y copa, los tres amigos departirán acerca de la pérdida de la juventud y el inicio de lo que, tanto para Wanley como para su colega Michael (médico de profesión) es el principio del final de todo lo bueno y divertido de la vida: fiestas, bullicios y locura. Sin embargo, Frank Lalor, fiscal del distrito tiene un punto de vista muy diferente, defendiendo como normal que a cada edad le corresponda un modo de vida.

En medio del entusiasmo etílico fantasean acerca de conocer a mujeres hermosas, incluso tener una aventura con alguna chica guapa y joven, que no les acarree ningún tipo de responsabilidad; como con la mujer que aparece retratada en un cuadro en el escaparate de una tienda contigua al club: misteriosa, atractiva y hermosa… una mujer “prototipo” para dicha clase de decisión.

Para el bueno de Richard Wanley todo se tornará una pesadilla en el momento en que, al salir del club, conozca a la hermosa mujer que se encuentra representada en el cuadro, Alice Reed (Joan Bennett) y ésta lo invite a tomar en su casa una copa. Wanley se lanza, timorato, a cometer esa última “locura” antes de que la edad lo empuje a llevar una vida burguesa y un tanto acomplejada como la que hasta el momento había llevado. El asesinato, la extorsión y el cerco de la policía sobre el asesino transformarán el sueño de este cuarentón simple y apocado en un bucle que lo arrastrará a tomar decisiones impensables.”

En el cine negro, esta todo tipificado. El guion no es una obra maestra de la originalidad ni la trama se escapa de lo que es habitual en este tipo de género, lo que distingue a la mujer del cuadro de otras representaciones similares es por un lado la brillante puesta en escena, la magnífica fotografía de Milton R. Krasner, la esplendida dirección de actores, para este trabajo contó el director con un trío de interpretes en estado de gracia, con Edward G. Robinson a la cabeza, acompañado por Joan BennettRaymond Massey como sus secundarios. Lang quedó tan conforme con la interpretación de estos actores que los repitió en su magnífica Perversidad.

Una de las grandes críticas que se le han realizado a la película es su extraño final, tan apartado de la convención genérica, pero si lo miramos bien, tal vez ese poco satisfactorio cierre es el que le da a la película su propia particularidad. No es que desde el  comienzo no haya del film no haya pistas que nos imposibiliten prever el desenlace, lo que sucede es que en un punto parece tan poco satisfactorio que mucha gente prefiere pensar en este, como una imposición del estudio o el trabajo de la censura que finalmente condicionó la visión de Lang. El hecho de que ya grandes obras del noir hubieran abrevado en finales trágicos para los protagonistas nos lleva a pensar que con sus aciertos y errores La mujer del cuadro es una obra 100% de Lang, y como tal solo nos queda disfrutarla.


Dado que las películas que analizamos son de dominio público se sugiere acceder a ellas a través de alguno de los numerosos sitios de alojamiento de las mismas, ingresando su nombre en cualquier buscador.


Ficha técnica

Título original: The Woman in the Window

Año: 1944

Duración: 99 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Fritz Lang

Guion: Nunnally Johnson (Novela: J.H. Wallis)

Música: Arthur Lange

Fotografía: Milton R. Krasner (B&W)

Reparto: Edward G. Robinson, Joan Bennett, Raymond Massey

Productora: International Pictures. Distribuida por RKO Radio Pictures

Género: Cine negro. Intriga. Thriller


Trailer

Compartir:

Con el apoyo de:
  • logo pachon
  • logo pachon
  • logo barrick
  • logo barrick
  • logo pachon
  • logo barrick
  • logo barrick
  • logo barrick
  • logo barrick
  • logo barrick