Jueves 3 de Octubre / 19.30 hs.
Auditorio Museo Franklin Rawson.

A scanner darkly hubiera sido una mirada rupturista dentro del mundo del cine, si su director Richard Linklater, no hubiera realizado anteriormente Waking life, y esta lo habría sido, si hacia la década del setenta, Ralph Bashi, no hubiera realizado su versión de El señor de los anillos. Es que hay algo en común que tienen estas tres cintas y es la de usar una técnica de animación, el rotoscopio,  que a principios del siglo XX inventó y utilizó Max Fleisher para sus cortometrajes. Ya se sabe, lo único nuevo es lo que se ha olvidado.

El secreto de la rotoscopia reside en que cada fotograma de la animación está creado a partir de un calco exacto del fotograma de una película filmada a partir de una imagen real. Así, con esta técnica resulta muy sencillo obtener un movimiento muy natural sin dejar de lado el carácter de una producción animada creada con diferentes técnicas, dando como resultado un dibujo en movimiento. El secreto de la rotoscopia reside en que cada fotograma de la animación está creado a partir de un calco exacto del fotograma de una película filmada a partir de una imagen real. Así, con esta técnica resulta muy sencillo obtener un movimiento muy natural sin dejar de lado el carácter de una producción animada creada con diferentes técnicas, dando como resultado un dibujo en movimiento.” Es por eso que la película, pese a ser una animación abre con los créditos de sus protagonistas. Es sobre estos que se ha dibujado fotograma a fotograma.

A scanner darkly, es una adaptación bastante fiel de la novela del gran escritor norteamericano Phillip K. Dick,  la animación no sólo es forma, es también fondo: gracias a ella Linklater consigue crear atmósferas que dinamitan las fronteras entre lo real y lo imaginario. Si el sueño era el motor que deformaba la realidad en Waking life, aquí es la alucinación provocada por la ingesta de la sustancia D la que detona las superposiciones de planos (lo que observa la cámara y lo que ocurre en la mente del personaje), las metamorfosis y las visiones de los personajes.

Bob Arctor, protagonista de la película, es un agente encubierto que trabaja con el nombre de Fred en el departamento de antinarcóticos y se vuelve adicto a la Sustancia D, cuyo origen y red de distribución está encargado de investigar. Esta primera antítesis se exacerba cuando el departamento le pide investigar a un grupo de adictos entre los cuales está él mismo. La tarea coincide con los estragos que la adicción de Fred/Bob Arctor comienza a desatar en su percepción: sus hemisferios cerebrales dejan de comunicarse y comienzan a competir entre sí hasta llevar a Fred/Bob a un estado esquizofrénico desde el que observa su propia vida doméstica grabada en las cámaras de la policía como si se tratara de la historia de alguien ajeno con el que comparte, sin embargo, las mismas alucinaciones. Sobre esta base, la novela no se ciñe a documentar el problema social de las drogas, su relación con la sociedad de consumo y la corrupción de las instituciones que participan en el doble juego de la producción y distribución de estupefacientes bajo el disfraz de adalides de la lucha contra las drogas, sino que se aventura a la reflexión sobre la identidad contemporánea siguiendo la metáfora de la conciencia dividida que surge del desdoblamiento del espectador de sí mismo. Esta observación sistemática del drama propio difumina cada vez más el carácter unitario de la conciencia, llegando al punto en que algunos personajes comienzan a representar escenas para manipular a quien o a aquello que los observe. Es así como Charles Freck planea los detalles de su suicidio y Fred/Bob Arctor se dirige un mensaje a sí mismo a través de la cámara que registra sus movimientos: Todo hombre ve únicamente una pequeña parte de la verdad completa (…) Una parte de él se vuelve contra él mismo y actúa como si fuera otra persona, derrotándole desde dentro. Un hombre dentro de un hombre. Y eso no es un hombre, en absoluto.

La  película nos muestra  un mundo cuyos protagonistas ya no saben si son ellos u otros, si lo que viven es real o no.

Ya el libro de Dick difuminaba los límites entre lo alucinado y lo observado, Linklater lo único que hace, y acierta en ello, es acentuar esa atmósfera a través de la animación.

Parece una opción extraña la de que un cineasta como Linklater, conocido por comedias o películas románticas, haya adaptado una obra de Dick, escritor en el que todo es profecía ominosa y paranoia política. Anteriormente el cine ya había frecuentado su obra, con Blade runner, El vengador del futuro o Minority report, entre otras. Sin embargo el resultado de la película de Linklater, no podía ser mejor, y esta es una de las mejores adaptaciones de un escrito de Dick.

 


Ficha técnica

Título original: A Scanner Darkly

Año: 2006

Duración: 100 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Richard Linklater

Guion: Richard Linklater (Novela: Philip K. Dick)

Música: Graham Reynolds

Fotografía: Animation, Shane F. Kelly

Reparto Animation: Keanu Reeves, Robert Downey Jr., Woody Harrelson, Winona Ryder, Rory Cochrane

Productora: Warner Independent Pictures

Género: Animación. Ciencia ficción. Fantástico. Drama. Thriller | Animación para adultos. Distopía. Drogas

 


Trailer

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