La obra de Clara Carrié porta el olvido de la de muchas artistas mujeres, en el caso de ella se suma haber sido grabadora, práctica artística con menor repercusión que la de pintura o escultura. Pero el silencio actual sobre su trayectoria se debe también a dos cuestiones diversas. Por un lado el momento de su mayor exposición es uno de los períodos menos transitado en la historia del arte argentino –cuando no se trata de arte de vanguardias o lecturas políticas: el de fines de los años treinta hasta mediados de los cincuenta. La institucionalización de la mirada modernizadora, generada luego del golpe de 1955, sumió a artistas como Carrié en la invisibilidad.

 

La exhibición de sus trabajos significa también la exhibición de su vida y pasiones,su destreza técnica, su mirada sobre los cuerpos y su representación. Se trata además de la puesta en valor de un riquísimo fondo de obras que salen a la luz, producto de las tareas de investigación y estudio realizadas en nuestro museo. La reserva de sus papeles ha sido entonces el cobijo de su ausencia, de la que ahora despertamos mediante la mirada que recorre sus entramados, sus impresiones, sus matrices, los entintados plenos, las alegorías y derivaciones simbólicas. El montaje de la muestra intenta rescatar su íntimo trabajo de taller mediante sus estudios, bocetos y aproximaciones, su trabajo editorial, afiches, ilustraciones e iluminaciones.

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