Exposición actual

Curador/es:

Roberto Amigo / Alberto Sánchez Maratta / Emanuel Díaz Ruiz

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Desde el 24 marzo 2018 hasta el 27 mayo 2018

En Sala 1, el Museo Franklin Rawson presenta una muestra de mujeres artistas contemporáneas, en su mayoría sanjuaninas. La exposición, resultado de las tareas de investigación y catalogación llevadas adelante por la institución, reúne obras procedentes de la reserva del museo y colecciones privadas. De este modo, las obras podrán ser conocidas por el público en un contexto curatorial que posibilita diferentes lecturas e interpretaciones.
Esta muestra se caracteriza por la búsqueda y la exploración en el manejo de los materiales, específicamente acentuada en los usos diversos del papel y el espacio escultórico, revelando un modo de saber y producir desplegados en la sala de exhibición.
Entre las artistas representadas se encuentran: Adela Cortínez, Agustina Pesci, Beatriz García de Huertas, Candelaria Palacios, Carolina Segovia, Catalina Chervin, Cecilia Rabbi Baldi, Dina Cusnir, Elena Nieves, Eneida Roso, Helena Psadurakis, Itatí Peinado, Josefina Barud, Laura Valdivieso, Leonor Rigau, Lydia Galego, Malena Peralta, María
Beatriz Dorgan, Mariela Scafati, Marina de Caro, Mirta Romero, Mónica Millán, Reina Kochashián, Silvina Martínez, Elisa Narváez, Susana Dragotta, Tana Sachs.

 


 

La inversión de los signos

 

Toda noción histórica de identidad requiere como mínimo de la borradura de los dobleces del saber y de la instauración de prácticas homogéneas tranquilizadoras.

A contracorriente de esa tranquilidad identitaria, esta exhibición intenta construir su discurso desde la desactivación de oposiciones históricas. Las propias obras visibilizan las ideas de sus autoras y sus modalidades. Desarticulan, por ejemplo, la oposición bidimensión / volumen; apropian el vacío de la sala para interpelar los modos de estar en el espacio. En otro grupo de trabajos, el uso histórico del soporte es desbordado desde la propia destreza técnica. Así se invierte el signo de su eficiencia para convertirse en quebradura, tajo, incisión o herida.

La poética que sobrevuela el espacio y los muros es la disolución de aquello que fue considerado central en el campo del arte, pero sin pasar el límite de la desmaterialización del objeto. Al contrario, se afirma su materia como el modo de ser de la obra. La autoridad del modelo central se transforma en la propia crítica, en la negación de un sistema de identidad sostenido en la elección de las limitaciones.

La inversión de los signos como posibilidad de reescritura de la historia y sus sentidos. Basta la inversión de una letra -la inicial A de Artista por ejemplo- para dar cuenta del extrañamiento frente al lenguaje heredado. La inversión de ese pequeño componente del discurso interpela la historia del alfabeto, sus reglas de sintaxis y semántica, la forma que disciplina nuestro pensamiento. La A invertida del título de esta exposición es más que un juego tipográfico: intención de hacer visible la transgresión de los lenguajes, como advertencia o lectura de la operación oficiada por las expositoras.

Transgresión a la ortodoxia del grabado, indisciplina frente al concepto de escultura tradicional, derivas del campo de color pictórico, historias personales cartografiadas desde la ausencia, el tejido como rescate del tiempo de la intimidad, escritura en tanto palimpsesto del blanco sobre blanco; sombras y espejos que multiplican saberes fragmentados; la oscura y sangrante reflexión de cuerpos atravesados por una memoria que desaparece en el relámpago de la mirada.

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