Exposición permanente

Curador/es:

Virginia Agote, Tam Muro, Fernando Farina, Eduardo Peñafort

Catálogo:

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Exposición permanente

Núcleo 1

Una colección de vanguardia

Desde comienzos del siglo XX, en la sociedad argentina se observa la preocupación de diversas asociaciones tanto para fomentar el desarrollo de la cultura como para proteger el patrimonio artístico e histórico.

En forma simultánea se registra el inicio del coleccionismo particular y la creación de instituciones para atesorar el legado y promover la producción artística. En San Juan se puede considerar que el antecedente del Museo Provincial de Bellas Artes se encuentra en la creación del Museo Casa Natal de Sarmiento, en 1910, que fue promovido por la Asociación Biblioteca Franklin.

El grupo de obras adquiridas da cuenta de una sensibilidad muy desarrollada para elegir piezas aún no comprendidas del todo en la metrópolis; sin embargo, se trataba no sólo de obras realmente importantes sino de nombres que comenzaban a destacarse por lo hecho.

Así, se incorporaron obras diversas, tanto de quienes cultivaron un formalismo artístico absoluto -caso Emilio Pettoruti- como de aquellos comprometidos socialmente con su época -Antonio Berni, Raquel Forner- o de artistas que en la búsqueda de un lenguaje universal desarrollaron un arte no figurativo, que igualmente se planteaba en el marco de un programa político -Juan Melé, por ejemplo-. Después de 1946, cuando se transforma el sistema de administración cultural, el Museo incorpora  sistemáticamente obras representativas de diversas regiones argentinas.

 

Núcleo 2

Pintar retratos, un proyecto político.

Iniciada a mediados de la década de 1830, la Escuela Sanjuanina de Pintura del siglo XIX se prolongó hasta el fin del mismo. La primera generación estuvo conformada por Benjamín Franklin Rawson, Ataliva Lima, Gregorio Torres y Procesa Sarmiento. Minetras que la segunda tuvo como máximo representante a Magdalena Bilbao.

Con el fin de la época colonial desaparecieron los gremios, el trabajo servil y la esclavitud y así surgieron “autores” en el arte.

En el desarrollo de esta importante actividad influyó, de manera decisiva, el ideario cultural y político de Domingo Faustino Sarmiento, quien fue uno de los primeros argentinos en ejercer la crítica de arte. Originariamente, el desarrollo de la actividad artística durante el siglo XIX respondió a un claro impulso político generado por el prócer, vinculado al ideal de hombre que él mismo pregonaba. Acerca de esto, Sarmiento decía: “Un caballero es todo aquel que sabe ser ciudadano, es decir,  hombre libre, en posesión de sus derechos, trabajando para todos y para sí, que se plasma en los retratos”. El caso de Benjamín Franklin Rawson es paradigmático: si bien inició su formación en Buenos Aires, en época del magisterio de Carlos Morel y Amadeo Grass, fue en Chile que completó sus estudios bajo las indicaciones de pintores europeos, entre los que se encontraba el destacado retratista Raymond Monvoisin.

En la colección del Museo de Bellas Artes se encuentra un conjunto de obras que registran los rostros de miembros de la sociedad independiente recientemente constituida, en el que predomina la búsqueda de la mesura, la semejanza, la resolución sencilla y significativa de los personajes. Se evita las estridencias de color y las tonalidades muy intensas. Más allá de las características comunes, se encuentran algunas  diferencias que merece destacarse: el cultivo de la línea y el costumbrismo en Rawson, la emotividad de Procesa Sarmiento, y el vigor de Ataliva Lima.

 

Nucleo 3

San Juan, una silenciosa construcción del arte

Las regiones, las provincias, las ciudades, tienen una historia de mezclas, de comunicación, de entrecruzamiento que termina por definir inevitablemente, una singularidad estética.

Fue a fines del siglo XIX que la vida sanjuanina del arte se vio modificada por una “reestructuración” de la Argentina y, por lo mismo, fue la provincia toda que debió abrirse a la incorporación inesperada y masiva de inmigrantes. Hubo entonces que asumir el nuevo perfil que se conformaba -superando lógicos antagonismos, acaso presupuestos- a través de la continuidad de los modos por un lado y de la ruptura por el otro. Se fusionaban así la antiquísima formación tradicional europea con ciertos planteos modernistas que apuntalaban una incipiente pero segura vanguardia, más una fuerte sensibilidad respecto del entorno físico y moral de la provincia.

Después, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, especialmente durante los 80, en la escena provincial se perciben variaciones importantes, y, la razón de una de ellas es la modificación del sistema de enseñanza artística que ya había sido replanteada con anterioridad, a mediados de los 60. Ahora, los agentes de la cultura en general empiezan a migrar hacia el devenir artístico privado, nacional y/o internacional, ocupando en distinta comunidades muchos de ellos posiciones más o menos importantes.

En otras palabras, detrás del internacionalismo mítico e inherente al arte, que parece excluir los localismos, se encuentra, invariable, una reconstrucción cultural que hace a la defensa de los principios, que propende a la recreación de los lugares, y recoge y elabora otro territorio u otra historia que no deja de desarrollar valores y posibilidades que contribuyen con la universalidad.

 

Núcleo 4

La construcción simbólica de la Nacionalidad

A partir de 1880 y hasta el fin de la Primera Guerra Mundial se consolidó el Estado Nacional Argentino. La creación cultural se articuló con las características de este período constitutivo de la nacionalidad.

Al presidente Julio Argentino Roca y sus sucesores les interesó crear un Estado director y gestor de la legislación transformadora, en todos los órdenes. La integración se produjo bajo la supremacía de Buenos Aires y comenzó a construirse una comunidad de intereses entre actores de las distintas regiones que, entrañando una articulación territorialmente jerarquizada, se tradujo en un pacto interregional implícito. El interior mantuvo relaciones conflictivas con la hegemonía de Buenos Aires, aunque no se puso en juego la estabilidad del sistema. Buenos Aires reconoció al resto de las clases dominantes provinciales como legítimas representantes territoriales. El período que va de 1880 a 1920 resulta fundamental para comprender el arte argentino.

Se inicia la institucionalización de la vida artística nacional, tanto porque el Estado asumió un rol director en la creación cultural – impulsó lentamente el  desarrollo de las artes visuales nacionales y los sistemas de enseñanza, se crearon instituciones artísticas relevantes, tal el caso del Salón Nacional – , como por la multiplicación de las iniciativas privadas. El proyecto creador alcanzó un reconocimiento social muy alto, manifiesto aún en la virulencia del rechazo social a las novedades.

La modernización tuvo un giro en la época del Centenario de la Revolución de Mayo. A partir de las vísperas y como continuidad de la celebración se encaró la construcción de la nacionalidad desde el punto de vista cultural y simbólico -dentro de un sistema de profunda desigualdad regional-. Formados en Europa o con maestros europeos, artistas nacidos en el país o inmigrantes han legado una obra contundente, que actualmente es interpretada como portadora de valores propios y singulares.

En esta construcción simbólica intervinieron diversos elementos: las tradiciones europeas, el sentimiento nacional y la conciencia del valor del creador.

 

Nucleo 5

Moderno o contemporáneo

El denominado arte moderno se construyó en Occidente a lo largo de siglos, a través de sucesivos planteos técnicos y formales dentro de disciplinas muy específicas, como la pintura y la escultura, y con la fantasía del progreso de generar un nuevo movimiento superador del anterior.

Las llamadas vanguardias, desarrolladas durante gran parte del siglo XX fueron los momentos límites más significativos, ya que la superación se expuso por medio de rupturas, de negaciones rotundas acerca de todo lo hecho hasta el momento, a la vez que propositivas salvando manifiestos que expresaron nuevas verdades, significativos cambios atinados y estéticos, acerca de lo que debiera ser considerado arte.

La calidad técnica correlacionada con un oficio, como elemento que permitiese evaluar; la belleza, como un componente fundamental para la consideración acerca del arte; comienzan a desvanecerse y a ser sustituidos por otros paradigmas no tan tranquilizadores como estos, sino para dar lugar a la pregunta sin respuesta por el arte.

Por una parte, cualquier objeto puede ser obra de arte, aunque eso no quiere decir que cualquiera lo sea. Pero, si bien hay restricciones, no hay limitaciones en relación a qué aspecto podría tener un objeto artístico.

El propio artista, detentador de un oficio dentro de cada una de las disciplinas consideradas artísticas, es puesto en duda en la misma medida que se cuestiona la noción de autor. El actual es un tiempo de borraduras, de desacuerdo con los límites, de hacer preguntas más que afirmaciones.

Lo que se llama actualmente arte contemporáneo es un arte fuertemente controvertido, que permanentemente plantea cosas que ponen en cuestión la propia idea que se tiene acerca del arte. No sólo a través de la introducción del concepto, sino haciendo preguntas aparentemente profundas sobre la institución arte y poniendo en duda su sentido.

 

Sala 4

Pasión por coleccionar

El patrimonio del Museo Franklin Rawson se ha conformado gracias a la adquisición de obras realizada por la primera Comisión de Bellas Artes del Museo, al igual que los más importantes museos de nuestro país, con la donación de obras de particulares. Merecen una especial mención las generosas contribuciones de obras cuyanas del siglo XIX, las donaciones de artistas -argentinos, chilenos y mexicanos- y también los numerosos aportes de familiares y poseedores que han acercado importantes trabajos al museo.

El coleccionismo en San Juan comenzó a desarrollarse a finales del siglo XIX y contó entre sus cultores al señor Agustín Gnecco y al Gral. Jorge Luis Fontana.

Con posterioridad, se registran entre otras colaboraciones, las colecciones de la familia Sormani y la de la Sra. Cesárea Garramuño de Godoy, cuyo fondo ha contribuido con los distintos museos provinciales. Ocupan además un lugar destacado las donaciones realizadas en 1990 por Marcos de Estrada y en 1998 por el Dr. Armando Lagos. La primera, completó con magnificas obras el conjunto de la historia de la pintura argentina del siglo XX. Y la segunda dio cuenta de un espíritu coleccionista inquieto que buscó muebles, servicios de mesa, objetos de arte, pinturas y esculturas en Europa y Oriente, como fuente de satisfacción para el gusto estético universalista que Lagos poseía.

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