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Artista/s:

Julián C. González

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Desde el 23 Junio 2017 hasta el 17 Septiembre 2017

En la sala 2, el museo invita a una exposición del reconocido artista Julián González, grabador y pintor argentino. La muestra está integrada por grabados originales, además se exhiben chapas y bocetos. En palabras de la grabadora sanjuanina Adela Cortínez, el grabador Julián González fue cronista de una Buenos Aires que “esculpió” con sus buriles, sobre planchas de zinc. Sus crónicas son la obra de un artista que escaló fachadas y tejados, subió a balcones, se deslizó por los “típicos tolditos de la década del treinta”, sintió barandas, veletas y artesonados. Practicó el aguafuerte, una de las técnicas del grabado en hueco o intaglio.

 


“…me refiero al aguafuerte (…) esta manera del grabado, de tanta sutileza y tan soberbio, tan sencillo y a la vez tan profundo, alegre y severo al mismo tiempo, que puede reunir paradójicamente las más diversas cualidades (…). Arte profundo y peligroso, lleno de vericuetos traicioneros (…). Arte grande, muy complicado dentro de su aparente sencillez…”
Charles Baudelaire

 

El grabador Julián González fue cronista de una Buenos Aires que “esculpió” con sus buriles, sobre planchas de zinc. Sus crónicas son la obra de un artista que escaló fachadas y tejados, subió a balcones, se deslizó por los “típicos tolditos de la década del treinta”, sintió barandas, veletas y artesonados. Practicó el aguafuerte, una de las técnicas del grabado en hueco o intaglio.
El aguafuerte, es una obra de entalladura, de talla o abertura y es responsable, con la escultura, la cinceladura y la escopladura, de huecos, oquedades, vacíos, ranuras, cavidades, surcos, labraduras, talladuras, blancos, cortes. El intagliatore puede ser un grabador, un tallador, escultor o cincelador y opera con gubias, puntas secas, buriles, formones, escoplos. El aguafuertista procede a cortar o tagliare sobre el barniz depositado en la placa. Procede a ser “detallante”. La palabra detalle viene del francés “detail“, es decir “cortar de”. Esta operación que realiza un grabador en los metales encuentra analogía con lo que Omar Calabrese llama “práctica del asesino” y tiene como función producir esas tallas que recibirán la tinta para la impresión. En la entalladura del aguafuerte la potencia de los ácidos, disuelve el metal, y quedan las huellas sobre la superficie de la plancha.
Tener en las manos una copia de uno de estos grabados, la resultante del entintado que Julián González realizó hace tanto tiempo, es ver un escrito cargado de silencio. Hay silencio en sus grabados. Y hay algo del silencio del taller, olor a taller y entintado y limpieza que son acciones calladas. Ver una copia de estos grabados, es recordar algo raro: es el momento de levantar el paño de la prensa y desprender el papel húmedo que refleja la matriz de metal; recuerda el reflejo de los espejos en Borges… “simulacros que concede al tiempo, un arquetipo eterno”. Simulacro armónico de negativo y positivo, de lo reflejado (copia o impresión) y de lo que puede reflejar (metal de la matriz).
En el “momento raro”, lo que se trasfiere es la tinta que Julián González dejó en misteriosos oscuros, sutiles entrapados y la que limpió laboriosamente para magníficos blancos logrados. Imágenes de expresionistas edificios, del metal se encarnan al papel con el desplazamiento de la platina , en el suceder donde metal, tintas y papel participan de la misma sustancia y el grabador es provocado a pensar lo que está ocurriendo allí: hay algo entre medio, algo en la expectativa de un instante que no pertenece al orden del sujeto, del sentido, del significado…

Mg. Adela Cortínez

 


Julián C. González nació el 25 de octubre de 1899, en el seno de una humilde familia, en San José de Flores.

En 1926, se recibió de profesor de dibujo, en la Academia Nacional de Bellas Artes, donde aprendió las técnicas del grabado, de la mano del maestro Pio Collivadino, de quien fue alumno dilecto. Formó parte de esa camada de alumnos que tantas glorias dio al arte argentino, encontrándose entre sus compañeros, Miguel Bordino, Víctor Rebuffo, Amadeo Del Acqua, Dante Santambrogio y Edmundo Filippini, entre otros.

Participó intensamente en los salones nacionales e internacionales, obteniendo merecidas recompensas como el premio Laura Barbará de Díaz  del Salón Nacional de Bellas Artes en 1930, el Primer Premio Salón Nacional 1931, el Primer Premio al grabado Salón Internacional de Valparaíso  1939, y muchos otros que cosechó a lo largo de su carrera.

Cabe mencionar también su actuación como jurado del Salón Nacional 1948 y 1954.

Ha expuesto tanto en el país como en Brasil, Uruguay, Chile, España, Italia, y Estados Unidos.

Se radicó en Ituzaingó  en  1940,  y fue allí donde fundó junto con otros artistas La Paleta Decimal, institución dedicada a promover la cultura en la zona.

Hasta sus últimos días participó de las reuniones de gente de artes y letras en Impulso y en la casa de Quinquela Martín en la Boca, o en Estímulo de Bellas Artes, sociedad de la que fue uno de los primeros socios, como lo fuere también del Sindicato de Artistas Plásticos.

Falleció en Ituzaingó el 31 de agosto de 1968.

Sus obras se pueden contemplar  en importantes museos: EL Nacional de Bellas Artes, el Nacional del Grabado, el Eduardo Sivori, el de Bellas Artes de La Boca, el de Bellas Artes de La Plata, el Bellas Artes de Rosario y en museos provinciales y municipales, así como en salones y galerías de Italia.

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