Exposición actual

Artista/s:

Jesús Ortiz

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Desde el 01 diciembre 2017 hasta el 18 marzo 2018

En la sala 3 del museo, se exhibe una instalación del proyecto denominado Inclinaciones, perteneciente al artista sanjuanino Jesús Ortiz. Su propuesta de exposición fue seleccionada entre 30 proyectos y resultó ganador de la Beca Estímulo a Jóvenes Artistas Visuales. Cabe señalar que estas becas son organizadas cada año, en conjunto con la Fundación Banco San Juan, para dar impulso a las producciones de artistas locales. Su proyecto cuenta con la tutoría del curador e investigador Roberto Amigo.


1

Inclinación. (Del lat. inclinatio, -ōnis.)

  1. f. Acción y efecto de inclinar o inclinarse.
  2. f. Reverencia que se hace con la cabeza o el cuerpo.
  3. f. Afecto, amor, propensión a algo.
  4. f. Geom. Ángulo que una línea o una superficie forma con otra línea u otra superficie.

 

En la edición de 1970 del diccionario de la RAE –edición que tengo a mano en mi biblioteca- la tercera definición tiene una variante de la actual, aunque no tengo certeza cuando ha sido discutida y modificada. En 1970: “Afecto, amor, propensión a una cosa”, es decir a “una entidad corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracta”. Algo, ahora o hace un tiempo, reemplaza a cosa. Es decir un pronombre indeterminado reemplaza a un sustantivo femenino. Algo designa “una cosa que no se quiere o no se puede nombrar”. Cosa, del latín causa. Al igual que “causa”. En la edición de 1822 –consulto al azar- la definición es la misma que en 1970, pero aclara: propensio, amor, studium.

También en la cuarta definición, la de geometría, ángulo ha reemplazado a dirección.

 

2.

Desde 1894, cuando se exhibió en Buenos Aires, Sin pan y sin trabajo de Ernesto de la Cárcova se convirtió en una obra clave para el arte argentino, no sólo por el asunto social de carácter obrero sino por la capacidad que señalaba para el arte argentino de tornarse a la par del europeo. Una obra paradójica que denunciaba la situación social y a la par podía ser celebraba como logro cultural sostenido por ese desarrollo capitalista. Sin embargo, es una obra que no ha potenciado una escuela pictórica: imagen estilísticamente aislada, incluso dentro de la producción del propio artista. Tal vez por eso hay un recorrido posible en el arte argentino: el de la cita a Sin pan y sin trabajo.

Una de las claves del éxito de Sin pan y sin trabajo es la certera relación entre el título e imagen, que ha puesto en el olvido su otro título decimonónico: La huelga, este generaba expectativas de masas que la pintura no cumplía. Sin pan y sin trabajo no es un título descriptivo de la representación, tan habitual en siglo XIX, ni de indicación de género pictórico, tampoco es poético. Tiene la fuerza de una consigna, pero no desde reivindicación clasista sino desde la negación. El título formula el instante entre la carencia y la conciencia, el momento en el cual la incertidumbre de la miseria se desplaza a la subjetividad de la clase. Señalemos un dato fundamental para comprender este tránsito: el obrero desocupado mira desde su cuarto miserable la represión al piquete de huelga; no está en la escena de lucha, es aún un espectador. Las herramientas de trabajo -entramos a la visión de la pintura por ellas- en el borde de la mesa son la del obrero de demolición, no las de un trabajador fabril. Están inactivas, ubicadas en la misma línea horizontal que el hijo proletario. Es la solidaridad de clase la que se juega en la representación. Por ello, la ventana es central en la composición: separa el mundo privado de la lucha pública.

 

3.

Jesús Ortiz obliga al espectador a inclinarse para ingresar al espacio donde ha deconstruido Sin pan y sin trabajo. Ha alterado el orden de circulación de la planta de la sala, entre la obstrucción y la molestia.

Ortiz desmonta el lenguaje del artista finisecular a los elementos mínimos, afirma sus contradicciones, devela su estructura. Con claridad percibe que el realismo no se sostiene en el carácter de las figuras sino en la veracidad clasista de los objetos representados. No es el rostro famélico de la madre proletaria ni el puño iracundo del obrero sobre la mesa; son las herramientas que señalan la condición de clase. Por ello, las figuras están ausentes. Jesús Ortiz anula la presencia del obrero desocupado como individuo, y en ese acto simple y radical sostiene la clase como totalidad. En esto se diferencia de las citas anteriores cuya empatía con la pintura se sostuvo en el sentimentalismo.

Los recursos de Ortiz son mínimos: una tela extendida como soporte material –la pintura de caballete materialmente no es otra cosa que una tela recortada cubierta de pigmentos- de las herramientas. La mesa doméstica invertida, colocada en el techo; acaso una idea sobre la familia. La ventana, que permite en la representación pictórica la mirada a la represión y la consecuente reacción del obrero desocupado, es ahora un pasaje: la decisión de lugar.

 

Roberto Amigo

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